En el ámbito de los videojuegos de mediados de los 90, se desencadenó una de las etapas más peculiares de la historia. Tras observar el éxito monumental de Sega y Nintendo compitiendo en el mercado de las consolas caseras, una oleada de empresas deseaba su propio pedazo del codiciado pastel. Este frenesí culminaría con el surgimiento de una gigante en el mundo de las consolas: la Sony PlayStation, una máquina que conquistaría a todos. No obstante, antes de este hito, todas las compañías se apresuraron a entrar en la contienda.
En este escenario de competencia, Atari se arriesgó con su consola Jaguar, Philips intentó posicionar su dispositivo interactivo CD-i como una plataforma de juego y la 3DO Company emergió con el objetivo de crear el sistema de juegos más poderoso del mundo. Estos son solo algunos ejemplos de la extravagancia que caracterizó aquellos tiempos. Sin embargo, quizás ninguna consola de esa era cuenta con una historia tan incomprendida como la del Amiga CD32, posiblemente la consola más malinterpretada de todas.
Para comprender la historia detrás del CD32, es esencial echar un vistazo al fabricante del sistema: Commodore International. Aunque es imposible abordar en detalle su complicada historia, en resumen, esta empresa fundada en 1954 inició su recorrido en el negocio de las máquinas de escribir. A lo largo del tiempo, se aventuró en la electrónica y las calculadoras. A finales de los 70, la compañía cambió su enfoque hacia las computadoras personales, adoptando el lema «Las computadoras son para las masas, no para las clases».
Después del éxito del Commodore PET y el Vic-20, llegó el lanzamiento icónico de la Commodore 64 en 1982, que se convertiría en el modelo de computadora individual más vendido en la historia. A través de diversos altibajos, en 1984, Commodore adquirió Amiga por 24 millones de dólares debido a la falta de personal para desarrollar su propia tecnología de próxima generación. Finalmente, en 1987, la línea Amiga se posicionó adecuadamente, con modelos como el Amiga 500 y el Amiga 1200.
Aunque el Amiga encontró éxito en Europa, no logró penetrar el mercado estadounidense, vendiendo solo 700,000 unidades en comparación con más de 5 millones en el Reino Unido. En su intento por ingresar al mercado de las consolas, Commodore lanzó el C64GS en 1990, una consola basada en cartuchos, que resultó un fracaso debido a problemas de compatibilidad. Luego, en 1991, presentaron el Commodore CDTV, un dispositivo de entretenimiento multimedia basado en CD-ROM, que resultó ser caro y poco impresionante en términos de especificaciones técnicas.
Finalmente, en 1993, lanzaron el Amiga CD32, basado en la tecnología del Amiga 1200, con un chip Akiko que permitía gráficos avanzados. Aunque tuvo una recepción positiva en Europa, Commodore se declaró en quiebra en 1994 antes de poder lanzarlo en Estados Unidos, marcando el triste fin de la era de Commodore y del Amiga.
A nivel técnico, el Amiga CD32 se destacó por su uso del chip Akiko, que permitía la conversión de gráficos avanzados de «chunky to planar». Además, la consola se promocionó como la primera consola de 32 bits basada en CD-ROM, aunque algunos afirman que el honor pertenece a la FM Towns Marty lanzada en Japón siete meses antes.
Desde el punto de vista comercial, la estrategia de marketing en el Reino Unido demostró ser un éxito relativo, con un alto perfil en medios y la comparación directa con el Sega Mega-CD. No obstante, el declive financiero de Commodore y la incapacidad de lanzar la consola en Estados Unidos truncaron sus posibilidades de éxito a mayor escala. A pesar de su corta vida en el mercado, el Amiga CD32 dejó una impresión duradera en la historia de los videojuegos, como una consola incomprendida que merece un lugar en la narrativa de los aficionados y coleccionistas.




